La palabra es...

______________________________________________

Mostrando entradas con la etiqueta Abril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Abril. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de octubre de 2010

Nina le dijo que no lo quería

20080604020733-silencio-gris-solitario-1-

 

Nina le dijo que no lo quería y el silencio lo embargó.

 

Fue sujetándolo con fuerza, helando una a una sus palabras, se comió todo pensamiento y lo dejó sumido en la total oscuridad. Él sintió como si cayera en un vacío y en medio de la caída las manos frías del silencio le apretaron la garganta.

Nina ni siquiera se dio cuenta, se limitó a mirarlo tristemente y luego se fue. Luego sólo se fue.

Él no se movió. La vio partir. Todo lo inundaba el silencio, pero las palabras de ella se quedaron como eco lejano.

 

Nina le dijo que no lo quería y él sólo se quedó callado.

lunes, 2 de agosto de 2010

La primera vez

—Te amo.

—Te amo.

Las manos se deslizan a la espalda, otras bajan al sexo, movimientos lentos, suaves… detonantes de los gemidos menos esperados.

—Espera…

—¿Qué pasa?

—Es que tengo miedo.

—¿Miedo de qué?

—De quedar embarazada…

En el silencio sólo se oye el sonido de los besos, sonidos suaves, hasta ricos. Una mano recorre el vientre, otra desabrocha una blusa. Ropa fuera. Cuerpos desnudos. Excitados. Queriéndose.

—No te preocupes, todo va a estar bien…

No se oye más. Sólo sonidos extraños. Nadie sospecha. ¿Ellos dos? ¿Ellos? Pero si esa chica se ve incapaz… y él también… pero ahora uno está encima de la otra, tratando de controlar las emociones de su cuerpo… sólo que todo es en balde, algo provoca que se mueva hacia adelante, con ganas, con verdadera satisfacción…

—Te amo, eres mi vida…

Y ambos sienten que están en las nubes, disfrutando realmente todo lo sucedido. Sus manos se acarician con ternura y los labios de ambos recorren con cariño las zonas menos esperadas. Todo está tan tranquilo en todas partes, nada existe… sólo ellos… fornicando.

amantes

viernes, 23 de julio de 2010

Apágate

Apágate en mi boca, te lo pido

despréndete de esa estela

que recorre mis sentidos…

No me digas que es mentira

esto que te escribo

porque es más cierto

que estos días,

es más verdad

que aquello del olvido.

Tu albor me está comiendo

las pupilas

apágate

difúndete en mis venas

¿Qué no ves que tanta luz

me ha dejado casi muerta?

Luz y Amor 23

martes, 13 de julio de 2010

Cosquillas, guerras y…

Sentada, mirando hacia arriba, así me encuentras. Quiero observar cuántas líneas tiene el techo y cuántas trazan la inicial de tu nombre. ¿Qué haces?, preguntas sentándote a mi lado, volteando la mirada hacia donde yo veo, ¿sigues la trayectoria del bichito? Comparto una de mis tímidas sonrisas, luego mis ojos buscan los tuyos, y nos damos un beso de pupilas. Estés o no estés, de todos modos, siento revoluciones en mi cuerpo.

Tu mano se extiende por mi hombro, me das un abrazo a medias, de ésos que te sé apreciar. Recargo mi cabeza en tu regazo y comienzas a contarme cómo te fue en el día. Tu dedo acaricia la palma de mi mano, siento lentamente cómo las sensaciones son capitanas del ejército que comienza las trifulcas en mi piel. ¿Qué tienes?, preguntas sin dejar de frotar tu dedo contra las líneas de mi mano. Cosquillas, respondo, es eso que llamas cosquillas.

¿Eso que llamo cosquillas?, ¿acaso no lo son?, tu mano se desliza a mi barriga y finges tocar el piano alrededor de mi ombligo. La sonata me mata de la risa, pero creo que en lugar de carcajadas, escapan notas musicales, ¿Esto no son cosquillas?, dices mientras tu sonata se convierte en sinfonía.

Eso sí, pero esto… te digo pasando lentamente mis dedos por tu cuello, esto no. Noto divertida cómo las batallas inician en tu piel. Esto, ¿cómo se llama?, preguntas alcanzando mi mano con la tuya mientras sostienes con firmeza la mirada. Yo lo llamo… guerra. ¿Guerra?, ¿por qué?, ¿piensas que provocamos muerte?, ¿tristeza?...

Pienso que hay batallas por toda la piel, ¿no las sientes?, es como si aquellas descargas eléctricas fueran los mensajeros que corren a anunciar que pronto habrá una revolución entera por el cuerpo. Eso siento cuando no estás, cuando me llamas por teléfono, cuando me nombras… ¿Tú no las sientes?

No, confiesas quitando mi mano de tu cuello, no creo que sea una guerra lo que pase por mi cuerpo… Te miro confundida y mi voz triste deja escapar ¿Entonces? Sonríes, besas mi mano y luego susurras a mi oído… Lo que siento cuando estoy contigo es inefable… Sonrío. Bonita palabra, digo en voz baja. Me miras de reojo, recuestas tu cabeza en mis rodillas, tomas mi mano y colocándola en tu cuello me pides: ¿Quieres hacerme sentir eso inefable de nuevo?

sábado, 3 de julio de 2010

El efecto de haberte perdido

Puedo imaginar que te he perdido
después de todo… es la verdad
creer que en mi silencio
sólo se rompe tu risa
y pensar que en su destrozo
aún puedes respirar…

Puedo sentir la nostalgia que invade
cada célula del cuerpo,
imaginar que en este otoño
tu volverás con el viento
mentira… mera soledad.

Y estas letras que se clavan
en mi garganta
que componen cada parte
de tu nombre
se transforman en sangre…

cuando sin querer
y sin notarlo

rasgo tu beso
en mis labios.

miércoles, 23 de junio de 2010

Muere mi monstruo

tormenta

Me expando sobre los campos y las calles vacías, estoy tan sola. Me siento tan sola. Y estoy cansada de esperar.


Quiero tirarme,
volcarme,
regarme …

sobre los pies de las personas,
en sus oídos y en sus ojos.


Deshacerme.


Ya nada tiene sentido. Así que emprendo el viaje.


Veo el panorama que se alza sobre mí. Debo abarcarlo. Debo poseerlo. Así que comienzo tragándome las nubes, siento algodones en el pecho. Y lloro. Mis lágrimas torrenciales matan los cultivos. Desde abajo a un niño se le ocurre mirarme, mala idea, sus pupilas reflejan mi cuerpo y se estremece.


“¡El cielo tiene un monstruo!”, dice a su madre.


¡Ja!, monstruo. Ahora soy eso. Y me enfurece. Quiero tragarme todo. Ya me comí las nubes, quiero tragarme el aire. Abro la boca como la ballena de Jonás. Las corrientes se atiborran en mi interior.

Me asfixio,
me inflo,
exploto.


Mis restos yacen en el camino


.
.
.
Abro los ojos. Sólo escucho la voz de ese niño…


“Por fin se acabó la fatalidad”.