La palabra es...

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martes, 27 de julio de 2010

Quédate con tu luz

Los ojos son las ventanas del alma. Todo el mundo lo dice. A mí no me parece cierto. ¿Los ciegos no tienen ventanas, entonces? ¿Son acaso gente con las cortinas cerradas todo el día? Yo creo que las ventanas del alma son las palabras. ¿No me entiendes? Palabras. Todos saben palabras. Entonces hasta los ciegos y los sordos tienen ventanas para que la gente vea sus almas.


Pero seguramente los ojos tienen un papel importante ¿no crees? Porque sería un desperdicio tener unos órganos tan bonitos y tan inútiles. ¿Alguna vez has escuchado acerca de gente que puede ver el aura de las demás personas? Yo sí. Y creo en ellas, aunque te cause gracia. La gente que ve auras es la única que puede decir que sus ojos sirven para algo, porque, querido amigo, los tuyos y los míos son simples herramientas que podríamos no utilizar, y todo sería exactamente igual que ahora… Aunque chocaríamos más y probablemente no tendríamos idea de qué forma tienen las cosas que nos rodean, por supuesto.


Oh, lo siento, yo estaba hablándote acerca de la gente que ve el aura de otra gente. Disculpa, es sólo que a veces me distraigo en pensamientos que yo considero filosóficos, pero que seguramente tú, que estás muy bien instruido en esas cuestiones, ves como simples comentarios pasajeros y sin objetivo alguno. Como te decía, los únicos que realmente pueden decir que los ojos les sirven para algo son ellos. ¿Cómo que quienes? Pues los que ven tu aura, claro.


¿No sabes qué es un aura? ¿Pues en dónde has vivido, tú, persona filosófica que todo lo mira desde otra perspectiva? El aura es una especie de luz invisible que te delata por completo. Si yo pudiera ver tu aura, entonces –y sólo entonces- podría decir que te conozco por completo. Sabría si de verdad eres esa persona tan pensante que dices ser, o si sólo tomas los pensamientos de otros para trabajar en base a ellos. Tu luz, ésa que no puedes manipular por más que desees hacerlo, me diría quién eres realmente.


Todos tenemos luz propia. Supongo que cuando nacemos es blanca como un algodón, pero tan brillante como una de esas joyas caras que ni tú ni yo podremos comprar jamás. La luz de algunas personas adultas sigue siendo blanca, pero ellos son especie en peligro de extinción. El aura de gente grande es verde, naranja, roja o azul… ¿Por qué me miras así? ¿Crees que te estoy mintiendo? ¿No eras tú quien decía tener una mente muy abierta?


Por eso cuando me dejaste mi aura se veía tan gris y la tuya tan blanca… o eso creo yo. Creo que cuando dos personas se aman sus auras se unen y se vuelven una sola, brillante y blanca como las de los bebés. Pero cuando uno de ellos se va, se lleva toda la luz del otro con él, dejando que su aura se ponga gris, como una especie de sombra deprimente.


Y si el aura también dice en qué estado de ánimo se encuentra alguien… ¿Te imaginas cómo me sentía? Supongo que todos tus estudios y tu brillante punto de vista se resquebrajan cuando escuchas algo que no puedes entender. ¿Cómo decía Sade? Pues no recuerdo, pero era algo como: “El amor se puede fingir, pero el dolor no. Entonces, el dolor y el odio son los únicos sentimientos de los que uno puede estar cien por ciento seguro”. ¿Es correcto? Por eso Sade era tan malo con las mujeres. No podía soportar que ellas fingieran que lo amaban, y prefería hacerlas sufrir para estar seguro de que sentían algo por él, aunque fuera miedo.


Felicidades. Tú puedes estar seguro de lo que siento. Cuando te fuiste, cuando me dejaste y nada te importó más que alejarte de mí, te llevaste toda mi luz. Mi aura, ésa de la que te he hablado los últimos minutos, se volvió oscura, sucia y lastimosa. Pero tarde o temprano las velas se encienden de nuevo. Tarde o temprano la luz regresa, y nada puede apagarla, ni siquiera una sombra de tu calibre.


Yo no veo auras, pero imagino que cualquier persona que sí lo hiciera te habría dicho lo mismo que te he dicho yo… sólo que sin todo el desprecio y las ganas de no volverte a ver.

lunes, 26 de julio de 2010

Hastío a media luz

Escritora invitada: Minerva Hernández González

Estoy aquí a la luz de las velas.

Afuera llueve,

el ruido adormece un dolor que intento dejar atrás,

cuando te fuiste

me fumé un cigarrillo y no supe qué decir.

Después de un tiempo

me perdí en la inmensidad de mi habitación.

¿Ves? Todo es irónico

Hoy es un día de esos donde todo me cansa.

Me canso de ti y de mi estando sin ti.

Me canso de que mis pasos duelan cada vez más.

Me canso de conversar con el silencio

porque sólo le hablo de ti.

Estoy harta,

harta de la soledad que envuelven mis noches,

harta de dormir en el sillón

porque el colchón ahora es inmenso sin ti.

¿Lo ves? Me matas.

Percibo tu olor en las paredes,

sobre todo los lunes, y a diario pregunto:

¿Qué quieres cenar hoy?

Nadie contesta…

Ahora duermo con el estómago vacío,

regresa…

Al menos déjame el menú de unos cuántos días

para no morir de hambre.

¿Acaso no será suficiente mi sufrimiento

como para morir?

Ya sé, sólo olvidaste decirme

“Se terminó”…

_LUZ_D~1

viernes, 23 de julio de 2010

Apágate

Apágate en mi boca, te lo pido

despréndete de esa estela

que recorre mis sentidos…

No me digas que es mentira

esto que te escribo

porque es más cierto

que estos días,

es más verdad

que aquello del olvido.

Tu albor me está comiendo

las pupilas

apágate

difúndete en mis venas

¿Qué no ves que tanta luz

me ha dejado casi muerta?

Luz y Amor 23

miércoles, 21 de julio de 2010

Remembranzas de sofá



Cajitas henchidas de recuerdos son las que entierro en el jardín del Edén, mis relámpagos resguardan las confidencias de la pasión; con gritos, llantos, ladridos y maullidos voceo las añoranzas libidinosas y zarpo en los fluviales de la indiferencia. Achaco al firmamento el menester de recordarte e ilumino a mis apelaciones amnésicas.

Consagro nuestro encuentro, inspecciono al zopilote y me afianzo al devenir.


Los reflejos son atrapados en un charco de lodo, la tempestad despierta al calvario y la alegría vaga en una senda de espinos. Grutas forjadas por sombras se desploman en míseras partes y quejumbrosas madrigueras alumbran al peregrino. Ente acaudalado, tú que eres el arquetipo de la naturaleza has llover y libera la luz de sus luceros.


Humeo mis anhelos, amparo al segundero y estrujo al desconcierto.



Construyo un castillo, me visto de azul y ensillo a mi unicornio. Riño con espantos, dragones, ogros y caníbales. Desmiembro émulos, capturo discrepantes e imputo al rey tu felonía. Abrigo el caudal de gratitudes ofrendadas a mi valerosa andanza y parto ávido por encontrarte.





Discierno las paradojas yuxtapuestas a nuestra aflicción, tus calumnias me hacen hesitar y penitente propago ilusiones superfluas en mi bastarda fe.

Con la cobardía a media luz levanto la derrota y atrapo la claridad centellante de la luna; ángeles revolotean en las ventanas y los cocofantes mordisquean las bendiciones de tus apresuradas caricias. Dejo el sofá para dirigirme a la tempestad. Remembranzas rondan a la impaciencia. Camino al brillo de tus carantoñas, añorando tropezar con la verdad.

Solo otra vez, inerme en los desiertos de mi memoria.